INSTRUMENTOS DE PERCUSIÓN CON MATERIALES RECICLADOS

“Hacelo Sonar” es un taller de construcción de instrumentos musicales con materiales descartables a cargo de: Sebastián Casado,Germán Vega, Julián Vega y Luis Miraldi.
Formado en al año 2007 este grupo comienza a trabajar a través de la Secretaría de Cultura de la Nación.
Su objetivo es integrar a chicos y chicas de todo el país con el objeto de generar espacios de participación que promuevan su protagonismo a nivel nacional, siempre bajo las banderas de la inclusión, la recreación y la conciencia hacia la ciudadanía y el medio ambiente.Recorren escuelas y plazas de todo el país.
Los instrumentos son fabricados con 100% materiales reciclados.
Aquí les dejo la página de Facebook https://www.facebook.com/hacelosonar2012 , para que puedan entrar y ver fotos y videos de este grandioso proyecto, que se replica en todos los países del mundo para lograr una conciencia ecológica.

Percusionistas Famosos: JUAN “JUANCHO” PERONE

Biografía

Juan Perone, universalmente conocido como Juancho, es percusionista, compositor, arreglador y docente de música.
Si se piensa que algunos músicos resultan imprescindibles a la hora de formar un grupo o realizar algunas grabaciones, Juancho Perone forma parte de ese grupo selecto.
Lo demuestran sus participaciones artísticas, muchas veces definitorias de un audio, en más de setenta discos, una lista que ya ni el propio artista puede reconstruir sin olvidar alguna placa.
Con poco más de cincuenta años de edad, Juancho Perone es uno de los percusionistas más versátiles y talentosos de la Argentina contemporánea. Y acaso esa versatilidad, sumada a su personalidad artística, sea la clave de tanto elogio, tanta consideración y convocatoria.
Tras estudiar composición en la Escuela Universitaria de Música de la Universidad Nacional de Rosario, Juancho se perfeccionó en armonía y composición con el pianista Manolo Juárez. Sus primeros pasos como integrante de una agrupación musical los dio en los primeros años 80 en el terreno del folclore argentino con el Trío Tejeda, junto al pianista Alejandro Tejeda y al flautista Hugo Vitantonio. Paralelamente participaba por entonces en proyectos musicales junto al guitarrista Enrique Bevacqua.
Paulatinamente su nombre y sus cualidades comenzaron a circular entre los músicos y así fue sumando sus aportes como percusionista, lo que le permitió integrar el cuarteto Primer Toque, junto a Lucho González, Iván Tarabelli y Jorge Fandermole. Con esta formación grabó, en 1987, un disco que se convirtió en una referencia para la música popular de los últimos años de la década del 80.
En 1986 se sumó al grupo que acompañaba a Jorge Fandermole y desde entonces, casi ininterrumpidamente, ha sido parte de las distintas formaciones que ha tenido el cantautor. Por aquellos años también desarrolló un atractivo proyecto junto a Liliana Herrero, Claudio Bolzani, Iván Tarabelli, Carlos Velloso Colombres y Roy Elder, con arreglos innovadores sobre la música tradicional folclórica. Tras diez años de trabajo con ese grupo quedaron tres discos y varias giras por escenarios de la Argentina.
Entre 1990 y 2000 participó, como percusionista, en la banda de Juan Carlos Baglietto. Con él grabó en vivo el álbum Baglietto quince años, en el teatro Ópera de Buenos Aires.
A principios de la década del 90 Juancho Perone inició una gira por distintos países de Europa (1991). Junto a otros músicos rosarinos realizó presentaciones en Alemania con un repertorio de música folclórica, y en Francia, Alemania y países escandinavos, en distintos festivales de jazz, junto al grupo rosarino El Umbral.
Desde 1988 es integrante y arreglador de la banda de Myriam Cubelos, con la que grabó y realizó la producción artística de cuatro discos de la cantante rosarina.
El reconocido intérprete y compositor Raúl Carnota lo convocó para que se sumara a su proyecto artístico. Con él realizó presentaciones en la Argentina formando tríos con los pianistas Eduardo Spinassi primero y con Lilián Saba después. Posteriormente actuó junto a Carnota, en trío con el bajista Juancho Farías Gómez. También participó como instrumentista en las producciones discográficas de estas bandas.
La intensidad de su labor se muestra también en la docencia, al frente de cátedras en la Escuela de Música de la Fundación MusiMedios, y en el dictado de seminarios y clínicas en diferentes ámbitos educativos del país. Habría que agregar además, a todos estos oficios, su trabajo como gestor del Encuentro de Músicos Populares Argentinos, que se realiza anualmente en Rosario desde 2004, encuentro que es actualmente una referencia para muchos músicos argentinos, dentro del calendario de ofertas culturales que tiene la ciudad.
En 1995 nació el cuarteto Eppur si Muove, que tuvo a Perone como integrante junto a los músicos Luis Giavón, Charly Pagura y Carlos Casazza, proyecto de música instrumental con un repertorio de composiciones de sus integrantes. Tras ganar el concurso de coproducciones musicales de la Editorial Municipal de Rosario, la agrupación grabó un álbum y rápidamente se disolvió.
Su pasión por el folclore argentino lo impulsó a formar, junto al pianista Iván Tarabelli y el guitarrista Claudio Bolzani, el trío Cuchillo de Palo. Todos estos músicos habían integrado el grupo que acompañó a Liliana Herrero, y grabaron un disco con versiones propias de obras clásicas del folclore. Desde 2001 compartió grabaciones y presentaciones con la pianista Lilián Saba, y participó como percusionista en su disco Malambo libre.
En el año 2005 conformó un ensamble de percusión abocado a la música folclórica argentina junto a Rodolfo Sánchez, Norberto Minichillo, Rubén Lobo y Diego de la Zerda.
En 2010 continúa integrando los grupos de Raúl Carnota, Jorge Fandermole, Myriam Cubelos y Lilián Saba, mientras sigue adelante con su labor iniciada en 2004, presentando un trabajo como solista sobre secuencias elaboradas con procesos digitales sobre las que interpreta temas clásicos de la música folclórica argentina.
Es casi interminable la lista de músicos que contaron con el aporte de Juancho Perone para realizar sus grabaciones y actuaciones. Por citar algunos nomás, se podría mencionar a Jorge Fandermole, Liliana Herrero, Rubén Goldín, Adrián Abonzio, Juan Carlos Baglietto, Five O’Clock, El Umbral, Leo Masliah, Héctor Pichi De Benedictis, Trío de Guitarras de Rosario, Rumble Fish, Myriam Cubelos, Chacho Muller, Raúl Carnota, Fabián Gallardo, Tango y Cía., Ethel Koffman, Leonel Capitano, Martín Sosa y Carlos Pino.

Cierto día, en las calles de Rosario, el cantautor Adrián Abonizio habló de la prolífica labor de Juancho como percusionista y sesionista y, tras apuntar que era más fácil “determinar con quién no tocó Juancho Perone que con quién lo hizo”, remató: “Algunos discos deberían tener una leyenda obligada, si correspondiese, que dijera: En este CD no toca Juancho Perone”.

Fuente del Video : http://www.youtube.com/watch?v=jSR3m0Lrqvo

Fuente de la biografía : http://www.lamusicadesantafe.com.ar/artistas.php?id=7

HISTORIA DE LA MÚSICA FOLKLÓRICA ARGENTINA – 2º Parte

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Indendencia y Guerras Civiles

La independencia de España trajo consecuencia muy importantes para el desarrollo de la música folklórica argentina, al igual que en los demás países hispanoamericanos. En los años inmediatamente posteriores a la Revolución de mayo de 1810, que dio origen al proceso independentista, aparecen muchas de las danzas y estilos características del folklore argentino, como el cielito, el pericón, el gato, el cuándo, el escondido, el triunfo. En general se trata de estilos vivaces y picarescos, de raíz popular, que contrastaban con los estilos de salón preferidos por la cultura colonial española.

Entre todos los estilos surgidos en este período, fue “El gato” el que alcanzó la mayor popularidad y se convirtió en el preferido de la cultura gauchesca.El gato,introdujo en la década de 1830, un tipo de coplas humorísticas que los bailarines recitan al detenerse la música, que también se realizaron en el cielito, el pericón y los aires. En las décadas siguientes las relaciones se combinarían con el “aro-aro”, característico de la cueca, un grito que pronunciaban los asistentes al baile o los músicos, que tenía la virtud de suspender instantáneamente la música, para dar paso a un momento de brindis o relaciones humorísticas.Esta costumbre de combinar el humor y la música pasaría en la segunda mitad del siglo XIX a la chacarera y el chamamé.
De esta época data un personaje legendario, Santos Vega, que es el primer músico popular famoso del folklore argentino. Según la leyenda, Santos Vega era un payador tan extraordinario que se atrevió a payar con el diablo, luego de lo cual desapareció para siempre, sin que volviera a saberse de él.

Durante la Inmigración Europea: Tango y Folklore

La gran oleada inmigratoria sucedida entre 1880-1930, principalmente europea (mayoría italiana), que influiría decisivamente en la composición de la población, produjo algunos cambios decisivos en la música popular argentina, principalmente en la música del litoral, apareciendo formas nuevas como el chamamé moderno, y en especial el tango.
Desde entonces, tango y folklore aparecieron como formas diferenciadas y hasta encontradas de la música popular argentina. El tango se identificó con la música ciudadana, mientras que el folklore quedó identificado con la música rural. En esta confrontación, durante varias décadas el tango se instaló como la música popular argentina por excelencia, postergando al folklore, que permaneció aislado en los ámbitos locales de cada región.
Previamente a éste período aparecen algunos estilos fundamentales del folklore argentino, como la chacarera, la zamba, la milonga campera o simplemente milonga (décadas antes de la milonga ciudadana) y la arunguita.
La chacarera (danza del Chaco) parece haber nacido a mediados del siglo XIX, en Santiago del Estero (se dice, y algunos afirman, que nació en Salavina), pero su origen histórico se desconoce. En la Chacarera se nota gran influencia africana, sobre todo en el ritmo, cosa normal si se tiene en cuenta la gran cantidad de afrosantiagueños que había en los siglo XVIII y XIX en Santiago del Estero. La primera versión musical de la chacarera la daría Andrés Chazarreta, recién en 1911.
Para fines de la década de 1860 aparece la zamba argentina, estilo nacional argentino por excelencia, diferenciándose de la zamacueca afroperuana —creada en 1824— y la cueca chilena de las que deriva, ingresadas a la Argentina entre 1825 y 1830 por el norte, a través de Bolivia, y por el oeste, desde Chile, quedando instalada en Cuyo como cueca cuyana y en La Rioja como cueca riojana. La Zamba de Vargas es la más antigua de las que se tiene registro y fue posiblemente la primera en aparecer con las características de la zamba argentina.Cabe decir, que la cueca (tanto la cuyana como la norteña) tiene casi el mismo ritmo que la zamba aunque más rápido, por lo cual la cueca (desde hace bastantes décadas) es un género musical diferente a la zamba.
También en la segunda mitad del siglo XIX aparece en el Nordeste el chamamé (aunque recién adquirió este nombre en los años treinta), como resultado de la fusión de los ritmos que llevaban consigo los inmigrantes alemanes, Alemanes del Volga, Polacos, Ucranianos y Judíos, principalmente la polka y el shottis, con los ritmos ancestrales de la región, provenientes de la cultura indígena guaraní y de las tradiciones afro-rioplatenses. El chamamé y el purajhei o polka paraguaya, serían el eje alrededor del cual se estructuraría la música litoraleña, como una de las grandes ramas de la música folklórica argentina. Al igual que el tango, las danzas litoraleñas adoptaron una coreografía de pareja enlazada con libertad para los bailarines, que se realizaban en bailantas populares. Desde entonces el término “bailanta” se extendería por todo el país para designar los bailes populares.
A las últimas décadas del siglo XIX corresponden payadores famosos como el porteño afroargentino Gabino Ezeiza o el santiagueño José Enrique Ordóñez (el Zunko Viejo). Por la misma época el circo criollo —aparecido en la década de 1840—, además de dar nacimiento al teatro nacional, solía incluir números de danzas folklóricas.

Resurgimiento del folklore

Ya desde fines del siglo XIX había comenzado un esfuerzo por recuperar el folklore como música nacional, impulsado por recopiladores como Ernesto Padilla, Andrés Chazarreta y Juan Alfonso Carrizo. La música folklórica comienza a divulgarse por el norte del país y para los años veinte ya está lista para proyectarse nacionalmente.
El resurgimiento nacional del folklore se fue produciendo por etapas. El 25 de agosto de 1906 Andrés Chazarreta realizó un histórico recital de guitarra en el Teatro Cervantes de Santiago del Estero que inició con la interpretación de Zamba de Vargas, una canción popular anónima, probablemente la primera en tomar forma de zamba argentina, a la que se le ha atribuido haber sido tocada durante la trágica Batalla de Pozo de Vargas de 1867 provocando la victoria santiagueña, y que el propio Chazarreta recopiló tomándola de su entorno familiar. En ese momento se denominaba música nativa —el término folklore y música folklórica para referirse a la música popular inspirada en ritmos pertenecientes al folklore aparecería en los años cincuenta— y el propio Chazarreta formó su Compañía de Arte Nativo del Norte Argentino, que debutó el 19 de junio de 1911 y con la que recorrería el país.
Por entonces, Buenos Aires se constituyó en centro para la difusión masiva de la música argentina, debido a la vitalidad de su mundo del espectáculo, a ser la sede de las compañías grabadoras de discos (los primeros discos argentinos para gramófono se grabaron en 1902), y la sede de las principales radioemisoras (Buenos Aires fue la ciudad en la que se realizó la primera transmisión radial de la historia, el 27 de agosto de 1920).
Se considera que el momento clave del resurgimiento del folklore argentino fue la histórica representación que Andrés Chazarreta en Buenos Aires, el 16 de marzo de 1921 en el teatro Politeama, donde con gran éxito expuso sus recopilaciones de canciones populares como Zamba de Vargas, La López Pereyra (compuesta por Artidorio Cresseri en 1901), La Telesita. En 1925 grabaría para el sello Elektra su primer simple, con La 7 de abril y Santiago del Estero.
A partir de mediados de 1930, la ola inmigratoria proveniente de ultramar comenzó a decaer, a la par que se generó una gran ola migratoria interna, del campo a la ciudad y de las provincias (el “interior”) a Buenos Aires. Este último proceso llevó el folklore a Buenos Aires, especialmente, y preparó la condiciones para lo que se llamaría el “boom del folklore” en los años cincuenta y sesenta.

La escasa importancia concedida a la música folklórica queda de manifiesto en una nota publicada por la revista Sintonía en 1935, titulada “Recital Indígena” por Radio Fénix, en la que realizaba la crónica de la presentación de un joven cantante, Atahualpa Yupanqui.

El 1 de octubre de 1937 el sanjuanino Buenaventura Luna (Sentencias del Tata Viejo) y su grupo La Tropilla de Huachi Pampa (Entre San Juan y Mendoza), del que formaba parte el Dúo Tormo-Canales (Antonio Tormo y Diego Canales) debutaron en Radio El Mundo de Buenos Aires, abriendo camino a la difusión masiva de la música folklórica. El éxito llevó a la emisora a poner en el aire en 1939, el programa folclórico El Fogón de los Arrieros.En los años cuarenta se destacó el éxito nacional del grupo santiagueño Los Hermanos Ábalos (Nostalgias santiagueñas, De mis pagos, Chacarera del rancho), surgidos en 1939, y la aparición de una generación de músicos clásicos, que utilizarían en sus composiciones los estilos musicales del folklore argentino, especialmente Carlos Guastavino y Alberto Ginastera. En esta década se generalizaron también los dúos folklóricos.

En 1942 Los Hermanos Ábalos alcanzaron la fama en todo el país, al aparecer interpretando su Carnavalito en la película La Guerra Gaucha, dirigida por Lucas Demare, con guion del tanguero Homero Manzi —de origen santiagueño—, y Ulyses Petit de Murat. Ernesto Montiel, el “Señor del Acordeón”, fundador del legendario Cuarteto Santa Ana en 1942, primer conjunto de música litoraleña en alcanzar el éxito masivo.

Como precursores de la música litoraleña se destacaron Emilio Chamorro y Osvaldo Sosa Cordero (Anahí, Naranjerita), con actuaciones en Buenos Aires desde los años veinte. El Tata Chamorro fundó el conjunto Los Hijos de Corrientes en 1931, definido como “escuela chamamecera”, grabó discos para RCA Víctor desde 1935, y aparece en películas como Cándida (1939), Prisioneros de la tierra (1939) y Tres hombres del río (1943). Sosa Cordero logró que su canción Anahí fuera incorporada al repertorio escolar de todo el país en 1943 y grabó discos desde 1942 para el sello Odeón, con el conjunto Osvaldo Sosa Cordero y sus Correntinos. En 1942 Ernesto Montiel e Isaco Abitbol fundaron el legendario Cuarteto Santa Ana, aún en actividad, y que fuera el primero en alcanzar un éxito masivo. En los años cuarenta alcanzaría un éxito de difusión el chamamé Merceditas, interpretada por su autor, Ramón Sixto Ríos; con el paso de los años se convertiría, junto a Zamba de mi esperanza, en la canción más popular de la historia del folklore argentino.
El resurgimiento del folklore se manifestó también en la música clásica, con la aparición de compositores que comenzaron a incorporar ritmos y tonalidades de origen nativo en sus obras. Dos de ellos, Carlos Guastavino y Alberto Ginastera expresaron dos grandes corrientes musicales frente al folklore: el primero encontrando en los ritmos folclóricos un medio para una relación más directa con el gran público; el segundo buscando en los ritmos folclóricos inspiración para experimentar con nuevas formas musicales.
Carlos Guastavino, desde fines de los años treinta, desarrolló una notable obra encuadrada en el nacionalismo musical, relacionando íntimamente música clásica y música folklórica. Entre sus obras se destacan Arroyito serrano (1939), La rosa y el sauce (1942), el ballet Fue una vez (estrenado en el Teatro Colón en 1942), Suite Argentina (1942), Tres romances argentinos (estrenada por la Orquesta Sinfónica de la BBC en 1949), etc. Para Suite Argentina, Guastavino compuso también la música de una canción clásica del repertorio hispanoamericano, Se equivocó la paloma, compuesta en 1941 con letra del poeta español Rafael Alberti, por entonces exiliado en Argentina.
Alberto Ginastera, desde un estilo menos popular, compuso en la misma época obras de inspiración folklórica, como Danzas Argentinas op. 2 para piano, Cinco Canciones Populares Argentinas, Las horas de una estancia y Pampeana nº 1 (1947) y Ollantay (1947). Pero fue en especial el estreno de la suite orquestal de su ballet Estancia, en 1941, la que consagró al músico.
En 1948 el simple Amémonos (RCA Víctor), interpretado por Antonio Tormo, vendió un millón de placas, superando incluso en ventas a los discos de tango de Carlos Gardel, por entonces líder indiscutido de la música popular argentina. El éxito estaba indicando la popularidad creciente de la música folklórica argentina y anticipaba el boom del folklore que se desencadenaría poco después. En 1949 Buenaventura Luna puso en el aire por Radio Belgrano un programa llamado El canto perdido, con el fin de realizar una “antología bárbara” del “canto perdido en las tradiciones argentinas”, con interpretaciones del grupo Los Manseros de Tulum. Al reivindicar “lo bárbaro”, Luna se oponía a la dualidad “civilización o barbarie” que estableció Domingo F. Sarmiento, aceptada como un principio básico de la cultura oficial argentina, incluyendo en la noción de “barbarie” a la cultura folklórica de origen afro-hispano-indígena, y paradigmáticamente la cultura gauchesca. Carlos Vega (1898-1966), en los años treinta sentó las bases del Instituto Nacional de Musicología que lleva su nombre e inició los estudios sobre música y danzas folklóricas en Argentina.Simultáneamente, en un reportaje radial, Buenaventura Luna ponía de manifiesto el sustrato sociocultural que estaba impulsando la cada vez mayor popularidad de la música de raíz folklórica:

“Una forma de civilización puede derrumbarse y se derrumba, pero la cultura no. A la larga el hombre siente la necesidad de buscarse en lo nacional, en sus cantares y en sus coplas. Es lo que está ocurriendo en Buenos Aires. Los provincianos han dejado de ser provincianos vergonzantes y se han animado a entonar las canciones del terruño en todos los puntos de la gran capital. Se ha llegado al desencanto ante lo foráneo, que abrumaba. ¡Y cómo abrumaba…! Hemos llegado al verdadero nacionalismo, sin vinchas ni divisas, que se soñaba desde la época de la Organización”.

Finalmente, el resurgimiento de la música folklórica se manifestó también en la aparición de los estudios e investigaciones sobre el tema, destacándose entre ellos la obra de investigadores como Carlos Vega, Isabel Aretz (1909-2005) y Augusto Raúl Cortázar (1910-1974). Carlos Vega (1898-1966), creó en 1931 el Gabinete de Musicología Indígena en el Museo Argentino de Ciencias Naturales de Buenos Aires, que se organizaría como entidad autónoma en 1948 con nombre de Instituto de Musicología, que llevaría su nombre a partir de 1963. Vega identificó y analizó los instrumentos nativos, y los ritmos y danzas folklóricas de Argentina, difundiendo sus hallazgos en obras fundamentales, como Danzas y canciones argentinas (1936), la serie Bailes tradicionales argentinos (años cuarenta), La música popular argentina (1944), Música sudamericana (1946), Los instrumentos musicales aborígenes y criollos de Argentina (1946), Las canciones folklóricas argentinas (1963), etc.

Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Historia_de_la_m%C3%BAsica_folcl%C3%B3rica_de_Argentina

EL BOMBO LEGÜERO EN EL FOLKLORE ARGENTINO

El Percusionista Pablo Cruz nos enseña las características de este instrumento; su historia, los ritmos en los que se percute y su forma de tocar.
Sangre Jóven en este estilo musical tan tradicional y representativo de nuestro país.

Fuente: http://www.youtube.com/watch?v=DW5pFFMmW4g

HISTORIA DE LA MÚSICA FOLKLÓRICA ARGENTINA – 1º Parte

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La música folklórica de Argentina (en Argentina la palabra folklore se escribe generalizadamente con “k”) encuentra sus raíces en las culturas indígenas originarias. Tres grandes acontecimientos histórico-culturales la fueron moldeando: la colonización española (siglos XVI-XVIII), la intensa inmigración europea (1880-1930) y la migración interna (1930-1980).

Aunque estrictamente folklore sólo sería aquella expresión cultural que reúne los requisitos de ser anónima, popular y tradicional, en Argentina se conoce como folklore o música folklórica a la música popular de autor conocido, inspirada en ritmos y estilos característicos de las culturas provinciales, mayormente de raíces indígenas y afro-hispano coloniales. Técnicamente, la denominación adecuada sería música de proyección folklórica de Argentina.

En Argentina, la música de proyección folklórica comenzó a adquirir popularidad en los años treinta y cuarenta, en coincidencia con una gran ola de migración interna del campo a la ciudad y de las provincias a Buenos Aires, para instalarse en los años cincuenta, con el boom del folklore, como género principal de la música popular nacional junto al tango.

En los años sesenta y setenta se expandió la popularidad del folkloreargentino y se vinculó a otras expresiones similares de América Latina, de la mano de diversos movimientos de renovación musical y lírica, y de la aparición de grandes festivales del género, en particular del Festival Nacional de Folklore de Cosquín, uno de los más importantes del mundo en ese campo.
Luego de verse seriamente afectada por la represión cultural impuesta por la dictadura instalada entre 1976-1983, la música folklórica resurgió a partir de la Guerra de las Malvinas de 1982, aunque con expresiones más relacionadas con otros géneros de la música popular argentina y latinoamericana como el tango, el llamado «rock nacional», la balada romántica latinoamericana, el cuarteto y la cumbia.
La evolución histórica fue conformando cuatro grandes regiones en la música folklórica argentina: la cordobesa-noroeste, la cuyana, la litoralena y la surera pampeano-patagónica, a su vez influenciadas por, e influyentes en, las culturas musicales de los países fronterizos: Bolivia, sur de Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay. Atahualpa Yupanqui es unánimemente considerado como el artista más importante de la historia de la música folklórica de Argentina.

Aportes Africanos y Afroargentinos al Folklore Argentino

Los africanos llevados como esclavos a Argentina durante el período colonial, y sus descendientes nacidos en el territorio que hoy es Argentina (afro-argentinos), contribuyeron en la construcción de la Nación Argentina y su cultura. No es una excepción la música, y dentro de esta la música folklórica.
Es interesante saber que el candombe argentino fue folklore hasta poco después la caída de Rosas. El Candombe argentino se conservó, e ininterrupidamente, hasta el presente, en varias de sus versiones (afro-porteño, afro-correntino, etc.); entre ellos destaca el candombe porteño. Además se conservan otros ritmos afro-argentinos como la zamba o charanda, ritmo asociado al culto de San Baltazar que se realiza en el Nordeste argentino, en especial en Corrientes y Chaco.
En cuanto al folklore argentino, reconocido como tal desde hace años hasta hoy en día, que tiene influencia africana y afro-argentina, destacan: la chacarera, la payada, la milonga campera, el malambo (danza), y -quizás- el gato (danza). Además, también tiene estas influencias el folklore ciudadano porteño, y por ende argentino, como lo son el tango y la Milonga ciudadana. En esta última los afro-argentinos influyeron, sobre todo, en su danza. Cabe mencionar, que la murga porteña (ritmo no considerado folkórico pero si muy popular, sobre todo en la época de Carnaval), tiene varios ingredientes recibidos por parte de los afro-porteños y su candombe; de modo que al fusionarse estos ritmos con otros no africanos, surgió la Murga argentina.
Mientras que el origen exacto de la chacarera sigue siendo poco conocido, se cree -y algunos afirman- que tuvo origen en Salavina, (Provincia de Santiago del Estero). Esta danza tiene una clara influencia africana notada en el ritmo ágil, sobre todo en el toque del bombo legüero. Esto se podría comprender, si se tiene en cuenta la gran cantidad de afrosantiagueños que había en los siglo XVIII y XIX en Santiago del Estero; y sabiendo que casi un 70% de la población de Salavina a mediados-finales del siglo XIX (época en la que se gestó la chacarera), era afroargentina. También, el historiador Juan Álvarez, mediante el principio comparativo melorítmico de la escuela de Berlín, estableció (más que posibles) filiaciones afro en estilos musicales como el tango, la milonga bonaerense, el caramba y el marote.
De esta manera, la chacarera tendría grandes aportes africanos, al igual que el malambo (danza) (cosa que se ve en el vivaz zapateo, que comparte raíces africanas con los pequeños zapateos afro-peruanos), el tango,la payada, el gato (ritmo que influyó mucho en la chacarera), la milonga campera pampeana, y la danza de la milonga ciudadana.

Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Historia_de_la_m%C3%BAsica_folcl%C3%B3rica_de_Argentina

Giovanni Hidalgo – Su Presentación En Rosario

El año pasado, más precisamente el 25/04/2012 tuvimos la oportunidad de tener por primera vez en nuestro país a este maestro de la percusión latina. En un recorrido por las grandes urbes de Argentina Giovanni Hidalgo compartió conocimientos y ritmos con las personas amantes de estos ritmos e instrumentos populares, raíces de nuestro continente.

Fuente: http://www.youtube.com/watch?v=4LYk2-ANYjY&list=PLEB4F80624D82BF01

Percusionistas Famosos: GIOVANNI HIDALGO

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El legendario percusionista Giovanni Hidalgo nació en Puerto Rico en el 1963 y creció en un hogar rodeado por los tambores, bongos, congas y timbales usados por su padre y abuelo, ambos músicos también.
Este talentoso músico puertorriqueño es hijo del destacado conguero José Manuel «Mañengue» Hidalgo Allende y Celenia Yournet Toro. Se crio en la Calle San Sebastián, del Viejo San Juan.

Inició el aprendizaje de estos instrumentos Con El Narizon De Sebastian Arenas a la tierna edad de tres años bajo la tutela paterna. Hidalgo comenzó a tocar en una conga hecha a mano en la casa por su padre de un barril de madera, él practicó también en otros instrumentos de percusión, aplicando su talento magnífico para llegar a ser uno de los primeros percusionistas latinos en el mundo de hoy. Los sonidos que otros percusionistas crean con palos, Hidalgo crea con sus manos. Su precisión rápida como relámpago es particularmente admirada por otros.

Desde que era niño, Giovanni Hidalgo mereció ser calificado por los grandes percusionistas del momento como un virtuoso de la percusión rumbera. Aunque es muy buen timbalero y evidencia gran dominio de la gama completa de los tambores antillanos, su especialidad son las congas. Hoy se le reconoce como uno de los mejores congueros del mundo entre los de su generación y, muy posiblemente, el más rápido de todos los conocidos.

En 1980 fue uno de los miembros fundadores del que sería importante colectivo Batacumbele, de Ángel Rubén “Cachete” Maldonado. Integrando esta banda viajó a Cuba en 1981 y 1984. Siempre permanecería vinculado a esta importante formación que, durante sus primeros años, pretendió ser la respuesta boricua a la extraordinaria orquesta de jazz afrocubano Irakere. Debido a sus prolongados períodos de receso no logró alcanzar tal objetivo.
En enero de 1989, “Mañenguito” – como se le llama popularmente por ser heredero del gran “Mañengue” – fue seleccionado por el insigne trompetista Dizzy Gillespie para integrar un sexteto con el que agotaría una gira de un mes por el continente africano. Luego, también formó parte de la United Nations All Stars Orquestra, organización de quince estelares y virtuosos instrumentistas creada por Gillespie. Con esta banda recorrió triunfalmente Australia, Europa, Estados Unidos y Canadá.
En 1990 formó su sexteto de jazz Puerto Rico All Star Jazz, que, originalmente, estuvo integrado por Luis Quevedo y/o Eric Figueroa (pianista); Tommy Villarini (trompetista); David Sánchez, poco después sustituido por Víctor Payano (saxofonista tenor); José Gazmey (bajista); Carlos Pérez (baterista) y Eduardo «Sabú» Rosado (percusionista). Frente a esta agrupación debutó en el Club Caribe, del Hotel Caribe Hilton, el 24 de mayo y, al mes siguiente (junio 23), actuó como telonero en el concierto que, en el Centro de Bellas Artes Luis A. Ferré, ofreció Poncho Sánchez y Su Grupo con Mongo Santamaría como invitado especial. Más adelante, ofreció otro concierto en el Hotel Sands (julio 13). Por otro lado, durante el período 1991 – 1992 completó el quinteto del saxofonista Paquito D’Rivera con Howard Levi (pianista); Fareed Haque (guitarrista); David Fink (contrabajista) y Jorge Rossi (baterista).

 

Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Giovanni_Hidalgo